EL “TIROFIJO” DE BOLIVAR
Cartagena, una ciudad turística y con grandes riquezas culturales, también admirada por sus atractivos monumentos históricos y la calidez de sus habitantes, pero a su vez, por desdicha, muchas veces estas cualidades empañan la difícil situación de muchos cartageneros, ya que esta es una ciudad de bastantes ruedas, pero no precisamente del parque automotor, esta vez estamos hablando de los discapacitados. El corralito de piedra en la actualidad según el IDER (instituto distrital de deporte y recreación), posee aproximadamente una población de 15.000 personas con limitaciones físicas, de las cuales solo 4.000 hacen actividad física o participan activamente de un deporte.
Raúl Cesarén Romero, de cuarenta y tres años de edad y diecisiete de parapléjico, se levanta pensando en que es un nuevo amanecer, y pese a sus problemas motrices, este hombre solo piensa en salir a trabajar con el fin de conseguir sustento para su hogar. Esta es la historia de un padre cabeza de familia, con dos hijos menores de edad y una esposa, es decir, con una familia a la cual mantener, pero, independientemente de la dura realidad económica del país y a pesar de sus limitaciones físicas, su gigantesca voluntad ha sido la piedra angular para no dejarse vencer.
“Tirofijo”, como es conocido popularmente por sus familiares y amigos por ser uno de los integrantes de la selección de baloncesto para discapacitados de bolívar, además de coronarse campeón en juegos nacionales paralímpicos en natación modalidad libre en 8 ocasiones, en los años 1997, 1998, 1999, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, también obteniendo meritos altos en baloncesto para el departamento de bolívar, tras alcanzar 3 preseas doradas en juegos regionales, es uno de los muchos cartageneros inválidos, que han salido adelante por sus propios medios, dejando a un lado sus dificultades.
“La gente se admira porque a pesar de las limitaciones, estamos de lleno en este deporte, y eso es realmente hermoso y gratificante para nosotros ya que desde estas condiciones recibimos su apoyo”, comenta Raúl entre alegrías. Este deportista que primeramente se inicio como nadador, nos narra que con el tiempo se fue dando cuenta que no solo podía quedarse con un solo deporte ya que él sentía que podía dar más de sí mismo, y sin explicación exacta fue cuando decidió tomar el camino del baloncesto, puesto que este desde pequeño fue uno de sus deporte predilectos, aunque muy pocas veces lo practicaba.
Ángela, de 38 años de edad, esposa de Raúl, ha sido uno de sus más grandes apoyos, la cual con sus palabras nos cuenta que Raúl es un ejemplo de superación personal de la sociedad cartagenera, “El siempre se levanta temprano a atender el local ya que el arregla celulares, y en la tarde siempre asiste puntualmente a las practicas con la selección de baloncesto”.
Fue un doce de febrero del dos mil cuatro, después de siete años de estar practicando de forma amateur baloncesto en una silla de ruedas, que Cesaren reunió el valor suficiente para asistir a una convocatoria para escoger la selección bolívar de ese año, y gracias a sus metas propuestas y a su entusiasmo sin dejar a un lado su talento con el balón, logró ganarse el cupo para dicho equipo, y una de las cosas que considera más importante, el respeto de sus compañeros y el apodo que hoy día lo hace popular por el hecho de que en varias ocasiones todo balón que le llegaba, era una canasta segura.
Por otro lado este humilde hombre que por desventura le ha tocado prácticamente ver el mundo desde una silla de ruedas contempla dentro de sus expectativas llegar un día no muy lejano a la selección Colombia, y al parecer esa fecha no está muy lejos ya que con el apoyo del IDER y de su familia este deportista parapléjico juega como si estuviera en una silla voladora y vaya que lo hace muy bien!.
“yo sé que dentro de poco tirofijo se lo llevan a competir por Colombia, este tipo hace unas canastas bellas, ha llegado a desarrollar una habilidad mágica con sus manos, eso es una bendición de Dios”, son las palabras que entre risas pero certeras nos cuenta Carlos, conocido también como “el mono”, un integrante más de la liga de bolívar, anexando que tanto Jesús como Mario, hijos de Vicente han llegado a pensar que Dios no le quito la virtud a su padre de las piernas, solo se la paso a los brazos.
“Lo principal para un buen deportista es la disciplina y las ganas”, asegura Alberto Gómez, quien ha dedicado parte de su vida a entrenar personas imposibilitadas físicamente para que hagan deporte, quien comenta que especialmente para ellos en el baloncesto no se maneja una rutina especial, anexando que si es por tiempo una persona discapacitada en adquirir la habilidad para el juego podría durarse toda una vida, ya que eso no es algo que se aprende rápido, es tedioso pero no imposible.
Esta historia como otras, corrobora que todo aquel que se propone una meta para salir adelante la puede cumplir, y como dice nuestro apreciado “tirofijo” para la vida y para el deporte se necesitan las “tres C” cabeza, corazón y cojones.
PERIODICO EL UNIVERSAL
EL “TIROFIJO” DE BOLIVAR
Cartagena, una ciudad turística y con grandes riquezas culturales, también admirada por sus atractivos monumentos históricos y la calidez de sus habitantes, pero a su vez, por desdicha, muchas veces estas cualidades empañan la difícil situación de muchos cartageneros, ya que esta es una ciudad de bastantes ruedas, pero no precisamente del parque automotor, esta vez estamos hablando de los discapacitados. El corralito de piedra en la actualidad según el IDER (instituto distrital de deporte y recreación), posee aproximadamente una población de 15.000 personas con limitaciones físicas, de las cuales solo 4.000 hacen actividad física o participan activamente de un deporte.
Raúl Cesarén Romero, de cuarenta y tres años de edad y diecisiete de parapléjico, se levanta pensando en que es un nuevo amanecer, y pese a sus problemas motrices, este hombre solo piensa en salir a trabajar con el fin de conseguir sustento para su hogar. Esta es la historia de un padre cabeza de familia, con dos hijos menores de edad y una esposa, es decir, con una familia a la cual mantener, pero, independientemente de la dura realidad económica del país y a pesar de sus limitaciones físicas, su gigantesca voluntad ha sido la piedra angular para no dejarse vencer.
“Tirofijo”, como es conocido popularmente por sus familiares y amigos por ser uno de los integrantes de la selección de baloncesto para discapacitados de bolívar, además de coronarse campeón en juegos nacionales paralímpicos en natación modalidad libre en 8 ocasiones, en los años 1997, 1998, 1999, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, también obteniendo meritos altos en baloncesto para el departamento de bolívar, tras alcanzar 3 preseas doradas en juegos regionales, es uno de los muchos cartageneros inválidos, que han salido adelante por sus propios medios, dejando a un lado sus dificultades.
“La gente se admira porque a pesar de las limitaciones, estamos de lleno en este deporte, y eso es realmente hermoso y gratificante para nosotros ya que desde estas condiciones recibimos su apoyo”, comenta Raúl entre alegrías. Este deportista que primeramente se inicio como nadador, nos narra que con el tiempo se fue dando cuenta que no solo podía quedarse con un solo deporte ya que él sentía que podía dar más de sí mismo, y sin explicación exacta fue cuando decidió tomar el camino del baloncesto, puesto que este desde pequeño fue uno de sus deporte predilectos, aunque muy pocas veces lo practicaba.
Ángela, de 38 años de edad, esposa de Raúl, ha sido uno de sus más grandes apoyos, la cual con sus palabras nos cuenta que Raúl es un ejemplo de superación personal de la sociedad cartagenera, “El siempre se levanta temprano a atender el local ya que el arregla celulares, y en la tarde siempre asiste puntualmente a las practicas con la selección de baloncesto”.
Fue un doce de febrero del dos mil cuatro, después de siete años de estar practicando de forma amateur baloncesto en una silla de ruedas, que Cesaren reunió el valor suficiente para asistir a una convocatoria para escoger la selección bolívar de ese año, y gracias a sus metas propuestas y a su entusiasmo sin dejar a un lado su talento con el balón, logró ganarse el cupo para dicho equipo, y una de las cosas que considera más importante, el respeto de sus compañeros y el apodo que hoy día lo hace popular por el hecho de que en varias ocasiones todo balón que le llegaba, era una canasta segura.
Por otro lado este humilde hombre que por desventura le ha tocado prácticamente ver el mundo desde una silla de ruedas contempla dentro de sus expectativas llegar un día no muy lejano a la selección Colombia, y al parecer esa fecha no está muy lejos ya que con el apoyo del IDER y de su familia este deportista parapléjico juega como si estuviera en una silla voladora y vaya que lo hace muy bien!.
“yo sé que dentro de poco tirofijo se lo llevan a competir por Colombia, este tipo hace unas canastas bellas, ha llegado a desarrollar una habilidad mágica con sus manos, eso es una bendición de Dios”, son las palabras que entre risas pero certeras nos cuenta Carlos, conocido también como “el mono”, un integrante más de la liga de bolívar, anexando que tanto Jesús como Mario, hijos de Vicente han llegado a pensar que Dios no le quito la virtud a su padre de las piernas, solo se la paso a los brazos.
“Lo principal para un buen deportista es la disciplina y las ganas”, asegura Alberto Gómez, quien ha dedicado parte de su vida a entrenar personas imposibilitadas físicamente para que hagan deporte, quien comenta que especialmente para ellos en el baloncesto no se maneja una rutina especial, anexando que si es por tiempo una persona discapacitada en adquirir la habilidad para el juego podría durarse toda una vida, ya que eso no es algo que se aprende rápido, es tedioso pero no imposible.
Esta historia como otras, corrobora que todo aquel que se propone una meta para salir adelante la puede cumplir, y como dice nuestro apreciado “tirofijo” para la vida y para el deporte se necesitan las “tres C” cabeza, corazón y cojones.
PERIODICO EL UNIVERSAL
0 comentarios:
Publicar un comentario