• DEL BARRIO A LA CANCHA

    REAL CARTAGENA vs. ATLETICO NACIONAL
    Un bostezo y una leve estirada hacen que mi cuerpo vuelva a despertar luego de una noche calurosa, son las 11 de la mañana y quisiera seguir durmiendo, pero hoy tengo una razón para no seguirlo haciendo.
    En el día de hoy se disputará el partido entre los llamados pura sangre del Real Cartagena ante el rey de copas Atlético Nacional y la verdad es que no me lo quiero perder por nada del mundo. Luego de un baño que refresca mi cuerpo, me dirijo a mi cuarto, abro mi closet, y lo primero que veo es aquel buzo de rayas verde y blanca que la verdad dudo en ponerme por el intenso calor que hace, pero luego de varios minutos pensando…decidí ponérmelo.
    Al salir de mi casa pasan familias enteras vestidas de amarillo y verde que van a disfrutar el espectáculo del futbol, cada uno a su manera, el padre con el radio en la mano, la madre con el bebé en brazos vestido con el suéter del real Cartagena y la niña jugando con su muñeca preferida. El estadio queda cerca de mi barrio y decido irme caminando con un poco de peligro, pues la verdad no quisiera encontrarme en el camino algún hincha de la denominada barra brava del Real Cartagena pues uno nunca sabe que pueda pasar.
    Ya llevo varios minuto caminando y a lo lejos se divisa el estadio de futbol que en años anteriores se llamaba Pedro de Heredia, pero recientemente fue cambiado su nombre al de Jaime Morón quien fue el mejor jugador cartagenero que emergió en el panorama del fútbol nacional proveniente de las calles de barrio San Diego dejando testimonio de su zancada larga, rápida, veloz y su endiablada gambeta cuando en la ciudad solo se respiraba boxeo y béisbol.
    Por la remodelada avenida Pedro de Heredia pasan los buses repletos de hinchas que algunos con sus miradas y otros con sus gritos que mencionan a mi madre que nada tiene que ver con esto, me demuestran que solo por alguien vestir una camisa de un equipo distinto al de ellos, ya es un aliciente para que te puedan agredir tanto verbal como físicamente, como hemos visto en algunos casos en otras ciudades del país, además se ven hinchas que caminan agitando sus banderas y cantado discos alusivos a su equipo llenando así la calle con su ánimo.
    Llego al estadio y me quedo sorprendido por la cantidad de gente que hay tanto de un equipo como del otro, no es raro ver a los famosos revendedores ofreciéndome un boleta para el partido o aquellos que te piden una colaboración para comprarla.
    La verdad nunca pensé que viniera tanta gente del equipo visitante aunque aquí en Cartagena dicen que el día que Atlético Nacional viene a jugar no veras ni una tienda abierta por la cantidad de paisas que van a ver a su equipo amado, jumm y por lo visto tienen razón.
    Los niveles de seguridad son estrictos y luego de varios minutos haciendo la larga fila y dejar que un policía me quitara la correa pues no se puede ingresar con ella, una vez adentro el ambiente es aun más festivo. Hay hinchas pintados con la cara de amarillo, otros de verde y me quedé sorprendido por lo lleno que estaba, pero de hinchas del Nacional, solo la parte norte y un poco de la mitad de sombra estaban llenos de hinchas del Real Cartagena.
    Los equipos salen uno a uno, el primero es el equipo local, el Real Cartagena que con una confusión entre chiflidos, aplausos y canticos de su hinchada se dirigen hacia el centro del campo a saludar a la gente que llegó a ver el espectáculo. Después sale el equipo visitante, el Atlético Nacional de Medellín que a pesar de marchar último en la tabla de posiciones siempre lleva hinchada a los estadios del país. La parte sur del estadio enloquece y lanzan rollos de papel con humo verde y blanco; y ven como su equipo realiza la misma maniobra que el local, se dirige al centro del campo y saluda a los espectadores.
    El pito del árbitro suena y los canticos de las dos barras retumban contra el concreto del estadio y aumenta así la pasión de la gente que ve el partido, mientras tanto los vendedores de cerveza parecen malabaristas al pasar por un pequeño espacio que queda en la grada, pero siempre hay alguna persona que termina bañado en ella. Lo mismo pasa con el vendedor de papitas, el de la pizza, el de los jugos, en fin muchos; incluso se llevan su nojodazo por meterse en lugares donde no caben.
    El partido trascurre en completa normalidad pero de pronto una tarjeta roja hacia el equipo local hace que el público se ponga en contra del árbitro y como si todo estuviera preparado, en coro los hinchas del Real le nombran a su madre varias veces de una forma no muy educada y lo único que supe hacer en ese momento fue echarme a reír pues esto solo se ve en Colombia.
    En un estadio se ve de todo, y en este en particular, las personas se vuelan las paredes para entrar al estadio. Los policías dándole bolillazos a un borracho que esta perturbando al público, los chiflidos de los hombres que ven a una mujer pasar con sus exuberantes atributos y una pelea entre dos personas por alguna u otra razón.
    El famoso olee no se hizo esperar, los hinchas del “Real” como es llamado el equipo cartagenero coreaban sin parar esta palabra, hasta que de pronto un silencio de esperanza llegó al estadio y tras un tiro al arco del delantero cartagenero un fuerte grito de gol dejó quietos a los paisas y revolucionó a los hinchas del equipo heroico.
    El partido estaba por terminarse y la esperanza del equipo verde de salir del fondo de la tabla se apagaban a medida que pasaban los minutos y que el olee se escuchara minuto a minuto en el estadio. Todo termina tras 4 minutos, hoy un equipo celebra su triunfo mientras el otro se resigna a perder de nuevo. El público local sale feliz del estadio, mientras los visitantes se marchan con sus caras largas pero a la vez felices por haber podido ver a su equipo favorito, recordando aquella frase un poco filosófica de Francisco Maturana que dice “perder es ganar un poco”.

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