• CUANDO EL DESEO QUE ACABA CON TODO UN PROCESO DISCIPLINARIO


    Este es un relato vivido por Juan Gutiérrez lequerica, tenista de tercera categoría de la ciudad de Cartagena quien viajo con sus tres compañeros de liga el 15 de mayo de 2004 a la ciudad de Bogotá (Colombia) al campeonato nacional de tenis; la noche anterior al partido del campeonato, más fuerte fue el deseo y no la responsabilidad hacia el partido; lo que llevo a Juan y sus amigos a la discoteca cha cha club a celebrar la participación en el campeonato.

    Dice Juan “Ricardo son las cinco de la mañana y el partido comienza a las diez, ¡sube de una buena vez al taxi que faltas tú!” a lo que Ricardo responde “ya voy, no pienso dejar la botella; llegaron al hotel a las seis de la mañana, presentándose al partido todos enguayabados perdiendo el partido con un marcador de 6-1 y 8-2 cada grupo.

    De regreso en la ciudad de Cartagena se programó en el club deportivo una reunión urgente con toda la junta directiva y entrenadores para darles un castigo severo a los responsables. El presidente del club: con voz ruda dice “¡silencio! yo como la máxima autoridad de este club y vocero de la junta aquí presente me importa que sean hijos de las familias de apellido de ésta ciudad, o hijos de los socios fundadores o que sus padres hayan mandados donaciones para mejorar este lugar. Pero serán suspendidos por dos meses”.

    Luego del fuerte regaño Ricardo muy preocupado exclama “esto va en serio Juan. Nunca he visto a mi vieja tan molesta desde aquella vez que nos metieron presos por dos días por conducir a alta velocidad”, así es, responde Juan. RODRIGO, otro de sus compañeros se molesta y dice “¡Silencio! Quieren que nos suspendan por más tiempo por estar murmurando”.

    JUAN, aun inconforme con la situación y tratando de remediarla dice con voz enérgica “Permítame señor presidente y digo lo siguiente: nos vamos por los dos meses que ustedes nos han suspendido, pero le recuerdo que los dineros que se van a recaudar con los próximos partidos se van a perder. Segundo ni se le ocurra llamar en una semana a nuestros hogares diciendo que se levanta el castigo, claro porque se dio usted cuenta que las perdidas van hacer enormes. Y calla.

    El presidente del club muy molesto les grita a los vigilantes “¡Seguridad! Saque a estos groseros de aquí y encárguese de tomar sus nombres para que no los deje entrar durante su castigo”, a lo que los muchachos responden en una ola voz “¡Nos vamos de vacaciones!”, y Juan ya mas calmado les dice a sus compañeros “La celebración es hoy en mi apartamento los espero para festejar”.

    La celebración fue hasta el amanecer y después de los dos meses las cosas volvieron a su normalidad. Con una junta directiva nueva, las ligas infantiles y juveniles volvieron a sus actividades normalmente. Después de 15 años Juan y Ricardo se encuentran en el club y recuerdan viejos tiempos; Con los años, producto de una lesión en una de sus rodillas, Juan Gutiérrez Lequerica nunca más volvió a jugar en una cancha de tenis. Pero sus años de jugador no los recuerda por el juego propiamente, si no por esa gran cantidad de amigos que hizo y aún suele ver cuando reaparece en el club donde fue un gran jugador.

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